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Turismo de pantalla: la oportunidad que Argentina empieza a descubrir

Atrapados puso a Bariloche en las pantallas de millones de personas alrededor del mundo. Durante semanas, los lagos, bosques y montañas de la Patagonia argentina ocuparon un lugar central en una de las series más vistas de Netflix. El éxito global de la producción volvió a poner sobre la mesa una pregunta que cada vez gana más relevancia para la industria audiovisual y el sector turístico: ¿cuánto puede influir una producción audiovisual en la elección de un destino de viaje?

El caso de Bariloche ofrece algunas respuestas. Filmada en 21 locaciones de la ciudad y del Parque Nacional Nahuel Huapi, la serie movilizó durante sus 90 días de rodaje a 463 trabajadores de la industria audiovisual, 98 actores y más de 850 extras. Además, generó 4.402 noches de alojamiento en establecimientos turísticos de la ciudad. Tras su estreno, Atrapados alcanzó el primer puesto global entre las series de habla no inglesa de Netflix e ingresó al Top 10 de 77 países, llevando las imágenes de la Patagonia argentina a millones de espectadores en todo el mundo.

Los números ayudan a explicar por qué el turismo de pantalla dejó de ser una tendencia emergente para convertirse en una herramienta estratégica de desarrollo económico. Diversos estudios internacionales muestran que entre el 30% y el 40% de los viajeros reconocen que las películas y series influyen en la elección de sus destinos turísticos, mientras que aproximadamente uno de cada cuatro turistas asegura haber visitado alguna vez un lugar que conoció previamente a través de una producción audiovisual.* En otras palabras, la pantalla ya no sólo entretiene: también inspira viajes.

Desde la perspectiva que impulsamos en la Fundación OSAI, el turismo de pantalla debe entenderse como una de las expresiones más visibles de la convergencia entre la industria audiovisual y la economía del visitante. Las plataformas globales multiplicaron la capacidad de circulación de los contenidos argentinos y convirtieron a las producciones audiovisuales en herramientas de posicionamiento territorial con un alcance impensado apenas una década atrás. El valor de una serie ya no se mide únicamente por su audiencia o por los ingresos generados durante su exhibición, sino también por su capacidad para proyectar imágenes, identidades y experiencias asociadas a un territorio.

En ese sentido, el turismo de pantalla conecta dos sectores estratégicos para el desarrollo económico: el audiovisual y el turismo. Una producción exitosa puede activar cadenas de valor vinculadas a la hotelería, la gastronomía, el transporte, los servicios culturales, el comercio local y las industrias creativas. Los beneficios comienzan durante el rodaje, pero pueden extenderse durante años a través de la promoción indirecta de los destinos que aparecen en pantalla.

Aunque Atrapados representa el ejemplo más reciente y visible, el vínculo entre producción audiovisual y promoción territorial no es nuevo en Argentina. Buenos Aires encontró en el cine uno de sus principales embajadores culturales. Producciones como El secreto de sus ojos, ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera en 2010, permitieron proyectar imágenes reconocibles de la ciudad ante audiencias globales. La película recaudó más de 40 millones de dólares en todo el mundo, una cifra excepcional para una producción argentina, y consolidó la visibilidad internacional de escenarios urbanos porteños que forman parte de la identidad cultural de la ciudad.

Más recientemente, El Eternauta volvió a demostrar la capacidad del audiovisual argentino para alcanzar audiencias globales. En su primera semana de exhibición en Netflix acumuló 10,8 millones de visualizaciones y se ubicó en el primer puesto mundial entre las series de habla no inglesa de la plataforma. Además, ingresó al Top 10 de 87 países, transformando a Buenos Aires en el escenario de una de las producciones más vistas del planeta. Calles, avenidas, estaciones ferroviarias y espacios públicos reconocibles para cualquier porteño fueron descubiertos simultáneamente por millones de espectadores de distintas partes del mundo.

La diversidad geográfica del país constituye otra de las grandes fortalezas para el desarrollo del turismo de pantalla. Desde la Patagonia hasta el Norte argentino, pasando por los paisajes urbanos de Buenos Aires y los entornos naturales de la región mesopotámica, Argentina cuenta con una variedad de escenarios capaces de atraer tanto a las producciones audiovisuales como a los futuros visitantes. No es casual que distintas provincias hayan comenzado a desarrollar incentivos para atraer rodajes y fortalecer sus films commissions como herramientas de desarrollo económico.

La Patagonia se convirtió en uno de los territorios más activos en este campo. A través de iniciativas como Screen Patagonia, los organismos regionales buscan aprovechar el potencial de las producciones audiovisuales para fortalecer el posicionamiento turístico de la región. La lógica es sencilla: quien descubre un destino a través de una película o una serie puede convertirse posteriormente en visitante.

Argentina todavía se encuentra en una etapa inicial respecto de otros países que han desarrollado políticas específicas para aprovechar el turismo de pantalla. Sin embargo, el crecimiento de las producciones nacionales con alcance global, la expansión de las plataformas de streaming y la riqueza paisajística y cultural del país conforman una combinación especialmente favorable para su desarrollo.

Más que una tendencia pasajera, el turismo de pantalla aparece hoy como una oportunidad estratégica para Argentina. En un contexto en el que una serie filmada en Bariloche o una historia ambientada en Buenos Aires puede llegar simultáneamente a millones de espectadores en decenas de países, cada producción audiovisual tiene el potencial de convertirse en una herramienta de promoción territorial de alcance global. El desafío ya no pasa únicamente por atraer rodajes o producir contenidos exitosos, sino por articular al sector audiovisual con el turismo, la cultura y el desarrollo local para transformar esa visibilidad en inversiones, empleo y visitantes. Si las historias argentinas lograron conquistar audiencias internacionales, el próximo paso será convertir ese interés en una puerta de entrada para que el mundo descubra los territorios donde esas historias cobran vida.

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